Alojamiento en Cloud versus alojamiento «tradicional», un ejemplo

Siguiendo con la entrada de ayer sobre Cloud Computing, hoy os vamos a poner un ejemplo para explicar exactamente la diferencia que hay entre un alojamiento tradicional y un alojamiento en Cloud.

Para explicar la diferencia vamos a utillizar un ejemplo muy bueno que hemos encontrado en la web de WENCES dentro de una entrada sobre Cloud Computing, que aunque sea de hace 4 años sigue ilustrando perfectamente el tema:

Proyecto Web en un hosting tradicional

Imagina que montas un nuevo proyecto Web 2.0 y para el que necesitas hosting. Dada la demanda que tienes en previsión y la flexibilidad que necesitas decides contratar un servidor dedicado en una empresa de hosting. Tienes que tomar la decisión de si contratar un servidor normalito o uno ya potente con multiprocesador, discos en RAID, etc. Empiezas a recibir visitas y a tener uso en tu herramienta. Tu servidor aunque responde en buena parte del rango horario sufre carga de procesos en los momentos de uso pico de tu servicio o aplicación. Tienes que tomar la decisión de ampliar. Hablas con tu comercial, él te pide datos concretos para ampliar, tu le pides ayuda, él pregunta a los técnicos de la empresa de hosting que te devuelven la pregunta. ¿Cuantas visitas, cuanto espacio, cuanto ancho de banda? Decides ampliar y montar otro servidor adicional y otro más en el backend para soportar la base de datos y comunicar los servidores por una VLAN y asi sucesivamente. Además tienes que ampliar el contrato de transferencia o ancho de banda pertinente. Has triplicado tus costes fijos y ahora sí consigues asumir los picos en momentos intensos y durante meses te sobra infraestructura, pero te quedas sin espacio en disco y tienes que ampliar los discos, también decides ampliar RAM y eso hace que tengas que parar dos servidores y una intervención nocturna, etc., tomando continuamente decisiones para las que no tienes por que estar preparado tu ni tampoco tu programador.

Proyecto Web en un hosting Cloud

Encuentras un proveedor que tiene una oferta de cloud computing. El sistema operativo que te ofrece es compatible y además la imagen de disco viene preconfigurada con buena parte del software que vas a necesitar. Contratas un servicio básico y montas tu aplicación en minutos, pagas al mes sólo por la capacidad de proceso utilizada. Durante el tiempo de desarrollo no tienes que abonar nada de transferencia. Pones tu proyecto en producción. Accedes al panel de control del hoster y amplias con un clic tu capacidad de procesamiento. Decides aumentar el espacio en disco para alojar la demanda. El proveedor te muestra la facturación prevista. Se produce un pico inesperado dado que apareces en Meneame pero el hosting asume los picos sin tener que recibir una alerta de caida de servidor. Vas creciendo y decides montar un sistema de balanceo de carga, entras en el panel, seleccionas servidores, añades las IPs, arrastras la opción de balanceo y pulsas «montar». En minutos tienes confirmada la operación. No has sufrido intervención alguna, dispones de un sistema balanceado que puedes ampliar con un clic. El proveedor te cobra por lo que consumes (capacidad de proceso, memoria, disco, espacio en backup, etc). Además, tienes que ampliar al mercado internacional y tu proveedor permite crecer escalando tu infraestructura «como un todo» en distintas ubicaciones a nivel mundial. Y cuando las necesidades de estructura crezcan es seguro que te ahorrarás la nómina de administradores de sistemas y otro personal muy cualificado. En resumen, tienes el control, no te ha hecho falta conocimiento de sistemas ni experiencia en el dimensionamiento y previsiones de demanda, tienes más tiempo y recursos para tu proyecto y por supuesto menores y más previsibles costes para tranquilidad de tu flujo de caja.

 

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